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Entrevista de Pierre Verger con Emmanuel Garrigues

Esta entrevista fue publicada por vez primera en la revista “L’Ethnographie”, Numero special Ethnographie et Photographie, nº 109, 1991, Société d’Etnographie de Paris. Traducción de Anna Nkedive García.

Esta entrevista tuvo lugar en Abril de 1990 en París. Pierre Verger había llegado desde Salvador de Bahía para asistir al Coloquio internacional “Presencia de Alfred Métraux” fallecido en 1963. En este homenaje, organizado por la UNESCO, Pierre Verger presentó la comunicación “Treinta años de amistad con Alfred Metraux, mi casi gemelo”.

Emmanuel Garrigues-  Lo realmente extraordinaro de sus fotografias etnográficas es que no se percibe su presencia. ¿Cómo puede el fotografo pasar desapercibido?

Pierre Verger-  Hay que ser paciente y discreto para lograr que las personas se comporten con naturalidad y esforzarse para que no se den cuenta del momento en que estan siendo fotografiados, a pesar de que la Rolleiflex es una camara especialmente aparatosa.

Hay que ser más espectador que actor. Creo que un buen fotografo es un voyeur sublimado.

Hay que convivir con la gente antes de fotografiarla para que se vaya acostumbrando a tu presencia.

No hay que complicarse la vida intentando buscar comprenderles, sino limitarse a sentir, convertirse en mero espectador sin pretender profundizar en el porqué de las cosas.

Creo que el inconsciente juega un papel determinante en la fotografía y, evidentemente, eso no tiene nada que ver con la razón. Por tanto, lo que ocurre al hacer una fotografía es que a menudo no se sabe el porqué se ha hecho en ese instante. No es hasta el momento del revelado que te das realmente cuenta de lo que has fotografiado. No se debería sentir vergüenza al declarar: “¡Anda, mira por donde, he hecho una buena foto!”. Lo que sí sería  muy pretencioso es que se tratara de algo conscientemente buscado, deseado. De esta forma se convierte en una sorpresa. Solo entonces, me doy cuenta de los motivos que me impulsaron a disparar mi camara en ese preciso instante y no en otro.

Emmanuel Garrigues- Más que intuición, es el inconsciente: ¿No sabe usted exactamente lo que está fotografiando en el momento en que lo está haciendo?

Pierre Verger- No sé siempre lo que estoy captando, lo siento, hago la foto porque las cosas van tan rápidamente que no tengo tiempo de verlas. Me dí cuenta al participar en la realización de películas de cine. Durante el montaje hay momentos en los que se para la imagen, la famosa imagen congelada, y en ese momento, me ha parece que esa imagen es mucho más interesante que una imagen en movimiento.

Porque en una película no hay tiempo de ver, mientras que en una imagen congelada se pueden apreciar gestos extremadamente vivos y significativos, escamoteados por el movimiento. En la vida real ocurre lo mismo, no hay tiempo, es todo muy rápido. Lo que acabas de ver es sustituido tres segundos más tarde por otra impresión que se sobrepone a la anterior. La ventaja de la fotografía está en congelar los momentos… para así poder ver algo que se ha vislumbrado e inmediatamente olvidado, porqué una nueva impresión ha borrado la primera y así sucesivamente, es algo que se olvida.

Desgraciadamente ocurre lo mismo en la sociedad actual desde otra perspectiva: para comunicarse las personas se llaman por teléfono ya no se escriben cartas. Las cartas que se escribían en otras épocas son testimonios que permanecen y que se pueden consultar. Me he dado cuenta precisamente durante el encuentro de la UNESCO sobre Alfred Métraux. He basado mis intervenciones en 56 cartas suyas que encontré y en las copias de mis respuestas. He encontrado así, fijados en el tiempo, recuerdos que de otra manera habría olvidado completamente.

Estos recuerdos y testimonios habrían desaparecido por culpa de los inventos actuales… El tiempo pasa, el tiempo pasa, y la gente no tiene tiempo de darse cuenta del pasado.

Emmanuel Garrigues- En otras palabras, existen dos elementos importantes: en primer lugar, la fotografía que nos permite ver lo que no tenemos tiempo de ver ya que lo fija; en segundo lugar, memoriza, es una memoria. Su papel es el de la memoria. 

Pierre Verger- Ha pronunciado la palabra exacta, es una memoria. Recuerdo mis viajes con la ayuda de mis fotos y cuando las miro, gracias a ellas, se produce una especie de resurrección de mis recuerdos, parecidos a los que surgen de cuando en cuando, inopinadamente a lo largo del día de una manera muy aguda y muy precisa, exactamente como si acabara de vivirlos. A menudo me pregunto cómo se desencadenan esos recuerdos. Pero es difícil darse cuenta ya que pertenecen al dominio del inconsciente y es prácticamente imposible pasar del inconsciente al consciente. Pero cuando se trata de fotos o de cartas antiguas, disponemos de puntos de referencia precisos que sirven de soporte a nuestras cavilaciones.

Emmanuel Garrigues-  Lo que me interesa realmente es lo que la foto puede mostrar del inconsciente. Yo también me he dado cuenta, al hacer fotos, que no veía nada hasta después de hacerlas; que puedo comprender que tenía tiempo de ver sin saberlo. Entonces, aprendo mucho viendo mis fotos una vez reveladas. De repente, como me interesa el psicoanálisis, me he planteado que quizás la fotografía sea un instrumento que permita acercarnos el inconsciente un poco más. ¿No lo cree así?

Pierre Verger-  Sí, son una serie de testimonios del famoso inconsciente al que apenas podemos comprender, aun estando tumbados en el diván de un psicoanalista…

Emmanuel Garrigues-  Solo podemos hacer que surjan de él ciertos elementos. Entonces, en las fotos podemos ver lo que ha impactado. De hecho, ¿no piensa usted que dispara en el momento en el que siente intuitivamente que hay algo impactante?

Pierre Verger- Personalmente, fotografío sin saber porqué. Algunas fotos mías me interesan de la misma manera que a usted. Disponemos de una especie de testimonio de lo que acaba de ocurrir. Ahora lo estamos discutiendo, por eso expreso mi opinión al respecto, porque no lo había pensado demasiado. Mi conversación con usted me interesa mucho; es más, me permite aclarar lo que pueda pensar sobre esta cuestión.

Cuando estoy solo, no suelo pensar. Hay una cosa que sé, y es que no sé lo quiero. Nunca lo he sabido. He sabido más o menos, con cierto grado de confusión, lo que no quería. Se me ha dado la suerte de no hacer lo que no quería. Así finalmente me vida parece haberse dirigido en cierta dirección. Cuando vuelvo la vista atrás, tengo la falsa impresión de que se trataba de algo construido, deseado. Me di cuenta en el C.N.R.S. (Centre National de la Recherche Scientifique), cuando tuve que hacer la lista de los títulos de los trabajos en curso destinados a la administración de este organismo. Cuando releo los informes, tengo la impresión de haber tomado un camino determinado desde su inicio y de haberlo seguido conscientemente, aunque sé que no lo he previsto jamás. Pero el hecho de rechazar lo que no me apetecía, solo hacía perdurar lo que me parecía aceptable.

Emmanuel Garrigues- Precisamente, lo que más me ha llamado la atención en su libro Orisha, es la manera que tiene de contar su vida, pensando que fue en parte determinada por el azar. Me he preguntado, al releer su biografía -creo que la ha escrito usted mismo- ¿en qué momento empezó usted a hacer fotos? ¿Qué le empujó a hacer fotos? De hecho ha dicho en algún momento: “Al perder a mi familia, empecé a viajar”

Pierre Verger- ¿Conoce usted mi libro Cincuenta años de fotografía? Así fue, como a golpe de experiencias negativas, que mi vida fue tomando cierta forma. No lo puedo expresar de otra manera. Podría comparar el resultado con una estatua, que es lo que queda de lo que fue un bloque de mármol o de granito, una vez eliminado todo lo que el escultor considera inútil. Todas las estatuas no son obras de arte y no me siento competente para juzgar yo mismo el valor de mis cincuenta años de fotografías, así como las dos veces cuarenta años que me han sido concedidos de vida.

Había decidido no pasar de los cuarenta años, en cierta manera tenía esto en común con Alfred Métraux: el pánico a la vejez. Al cumplir los 30, decidí que me suicidaría al llegar a los 40. Estaba tan decidido que me había comprado un metro de costurera de 1.50 m.; así 1500 días antes de la fecha elegida para mi suicidio, empecé a recortar 1 milímetro todas las noches, cuando le daba cuerda a mi reloj y anotaba en un cuaderno lo que había hecho durante el día… finalmente no me suicidé, sigo aquí. Pero Métraux, sí se suicidó.

Emmanuel Garrigues- Así es, Métraux, se suicidó, pero esperó hasta cumplir por lo menos los 60 años.

Pierre Verger- Tenía 60 años y algunos meses. Recibí una carta suya fechada 5 días antes de su muerte.

Emmanuel Garrigues- A propósito de Métraux, me gustaría saber cómo empezaron a trabajar juntos. En un libro sobre Haití hay fotos suyas y de Métraux ¿se ponían de acuerdo para hacer fotos?

Pierre Verger-  Nos conocimos en Brasil y fuimos juntos a la Guyana holandesa. Luego, él fue a Haití y yo le seguí.

Emmanuel Garrigues- ¿Le pidió que tomara ciertas fotos?

Pierre Verger- No especialmente, yo hacía las que quería. Cuando él publicaba un libro, me preguntaba si tenía fotos que ilustraran sus textos. Hacía las fotos que me apetecía hacer. Es más, conocía mi carácter bastante bien y mi espíritu de contradicción para saber que generalmente conseguía no hacer lo que se me pedía. Al llegar a Brasil, trabajé de reportero en el periódico O Cruzeiro para el cual realice muchos reportajes fotográficos. Yo les había avisado previamente de mi espíritu contradictorio, más les valía no pedirme temas concretos. Les enviaba  fotos diciéndoles: “Si les gustan, publíquenlas, y si no, me las devuelven”. Por cierto, todos estos reportajes fueron aceptados y publicados.

Emmanuel Garrigues- ¿Qué tal con la revista Life? Fue corresponsal de guerra para Life.

Pierre Verger- Sí, fui corresponsal de guerra e hice fotos con toda normalidad en Shangai, durante la toma de Shangai por los japoneses. Después en Filipinas donde también pude realizar fotos con toda normalidad. Los acontecimientos dictaban el tema de las fotos. Luego, alguien tuvo la descabellada idea de pedirme que hiciera fotos en la Isla de Corregidor, una base fortificada en Filipinas, donde no se podían hacer fotos sin la autorización expresa de las autoridades militares. No obtuve dicho permiso y por consiguiente las autoridades me observaban con recelo, lo que me llevó a Indochina.

Emmanuel Garrigues- Se ha dicho también que fue reportero en el Museo Etnográfico de París.

Pierre Verger- Sí, fotógrafo voluntario, sin remuneración alguna. Georges-Henri Rivière me hizo la siguiente propuesta: “Hay un laboratorio  en el museo del que nadie se ocupa. Puede usarlo para sus trabajos y si surgen encargos para el museo, usted puede encargarse de realizarlos, se encargará de nuestras exposiciones”. Fue entonces cuando revelé las fotos que Alfred Métraux había traído de la Isla de Pascua. Descubrimos que éramos casi gemelos ya que habíamos nacido con 5 horas de diferencia, él en Lausanne y yo en París. Nos dimos cuenta que nuestra manera de ser era muy similar, lo que nos llevó a creer en la astrología.

Existían más paralelismos en nuestras vidas, como el hecho de que él había estado en  Rapa Nui (Rapa la Grande), Isla de Pascua, y yo en Rapa Ite (Rapa la pequeña), isla que forma parte de la Oceanía francesa.

Cuando Métraux observaba mis fotos, debido a su formación, veía en ellas cualidades etnográficas, lo que me influyó y me llevó a actividades denominadas como tal.

Pero seamos sinceros, siento un interés moderado por la etnografía. No me gusta estudiar a la gente como si se tratara de coleópteros o de plantas exóticas. Lo que me gusta, cuando viajo, es convivir con la gente y verles vivir de manera diferente a la mía, ya que lo que me interesaba no era yo mismo sino lo que yo era en otros lugares. Era una reacción en contra del yo que mi familia había querido imponerme, es decir el de un joven burgués en Francia de cierta posición que pasaba su tiempo cultivando sus relaciones sociales ya que esto era bueno para los negocios. Eso era insoportable. En mi época de estudiante, en el instituto, cuando yo invitaba a mis amigos a pasar el domingo, mi padre me interrogaba “¿Qué hace su padre?”. Si era el hijo de Coty o de Dubonnet, me daba permiso sin problemas. Si era el hijo de una portera, ni hablar. No, de ninguna manera, no era una buena amistad para mí. Sin embargo, yo tenía más afinidad con el hijo de una portera que con aquellos dos muchachos de los que guardo buen recuerdo. Estaba también el hijo de Bernheim, el marchante de cuadros. Todos estos muchachos, algo snobs y altivos, formaban parte de lo que en París se conoce como el “mundo”, es decir gente insoportable. Mientras que los otros, como el hijo de una portera, eran sencillos y naturales y me gustaba salir con ellos. Otra característica que demuestra lo estúpido de la educación que recibí, es el de las tarjetas de visita en relieve. Me habían educado para respetar a las personas que poseían tarjetas de visita en relieve. El relieve, que está impreso por detrás, se siente al pasar el dedo. Entonces, automáticamente y sin pensarlo, en caso de ser presentado estaba amaestrado para “aceptar” la relación, o “rechazarla” en caso contrario. ¡Hay que ver! Se pueden tener tarjetas de visitas impresas, o no tenerlas, y ser alguien perfectamente válido.

Emmanuel Garrigues- ¿Tuvo su marcha una dimensión política?

Pierre Verger- Existía sobre todo la necesidad de afirmación y de no ser el buen chico que quería mi familia que fuera. No le reprocho nada en particular a mi familia, formada por buenas gentes.

Emmanuel Garrigues- ¿Es una de las razones por las que se convirtió en Fatumbi?

Pierre Verger- Me convertí en Fatumbi mucho más tarde. Empecé a viajar, haciendo excursiones a pie con una mochila por el Sur de Francia. Había conocido a amigos y a colegas en Deligny, recuerdo que eran chicos bastante libres y que formaban parte de lo se llegó a denominar el Grupo de Octubre, constituido alrededor de [Jacques] Prévert. Al conocerles me deshice de muchos de los prejuicios que había adquirido. Hacíamos acampadas. Entre ellos estaba Pierre Boucher que tomó unas fotos realmente buenas (había publicado por esas fechas un libro con fotografías de Japón). Creamos una agencia de fotos que se llamó Alliance Photo. La biblioteca de la ciudad de París organizó hace dos años una exposición sobre Alliance Photo. Me recordó que, en aquella época, yo ya era fotógrafo, nos encontramos todos en una reunión de viejos fotógrafos. De hecho, en estos últimos años, se me había olvidado que yo era fotógrafo. Yo me ocupaba sobre todo de temas relacionados con las religiones africanas o de la relación entre  Bahía, en Brasil, y cierta parte de la costa de África, lugar de origen del tráfico de esclavos… Esto se puede considerar como etnología, pero también es el resultado de un interés muy humano. Nunca he llevado a cabo investigaciones etnológicas propiamente dichas; nunca he entrevistado a gente anotando sus respuestas en trocitos de papel, sobre lo que me hubiera gustado que dijeran. Esto habría supuesto que disponía de una teoría inicial y que realizaba un estudio para verificar la validez de mi teoría… Eso es lo que hacen, en general, antropólogos y etnólogos.

Emmanuel Garrigues- ¿Rehusó usted del aspecto formal del rigor científico en beneficio de la intuición?

Pierre Verger-  No, es más simple que eso. Me encanta vivir con cierta gente, no para estudiarles, si no simplemente por el placer de convivir con ellos e intentar comprenderlos como seres humanos normales y perfectamente validos. En Brasil ser descendientes de esclavos no tiene carácter humillante, no más que ser hijo de prisioneros de las guerras franco-alemanas.

Emmanuel Garrigues- Pero hace más que apreciarlos o comprenderlos, sus fotografías son un testimonia y ha escrito una tesis sobre ellos….

Pierre Verger- Los descendientes de antiguos esclavos en Bahía, tienen, desde mi punto de vista un comportamiento ejemplar. No son ni serviles, ni agresivos, ni altivos, todo esto es fruto del orgullo que sienten de sus raíces africanas y de sus religiones tradicionales, algo de lo que hablaremos más adelante. Si he realizado estudios sobre ellos, es porque tuve la suerte de recibir dos becas de estudios para ir oficialmente a investigar sobre el origen de los cultos africanos que llegaron a Brasil, pero ese no era mi verdadero objetivo. No pensaba en el aspecto científico de la investigación cuando la acepté. Me sentí identificado, y sigo sintiéndome identificado, con los descendientes de africanos, y antes de ir tenía un “pasaporte” que siempre llevo, mi collar de Shangó: es el collar que llevan todos aquellos que practican el culto a Shangó, del que soy devoto. Me sentía “que estaba dentro”. Había realizado ceremonias en un templo de candomblé. Una mujer negra, mi maravillosa madre Donna Senhora había consagrado mi cabeza a Shangó, dios del Trueno.

Emmanuel Garrigues- Por lo tanto su relación con ellos es mucho mas afectiva que científica, si le he entendido bien…

Pierre Verger- Sí, ciertamente. Fui parte de la Investigación Científica, fui Director de Investigación, pero no era lo que más me atraía. Fui a Dahomey, a Ouidah, donde organice el Museo Histórico y estudié más a fondo las relaciones Ouidah-Bahia (me muestra en su libro Orisha sobre los dioses Yoruba, en África y en el Nuevo Mundo, la foto de su madre espiritual, mae de santo, en Bahía). Le traje a Dona Senhora un título de África, ya que ella misma es descendiente de una “sacerdotisa” de Shangó en el palacio del Rey de Oyó quien a la vez es descendiente de este orisha, dios.

Me fuí pues a África una vez iniciado. Iniciado no quiere decir ser alguien al que se le ha revelado un secreto. Iniciado significa saber aún más como comportarse correctamente y respetar aun más las reglas que forman parte de una sociedad determinada.

Cuando llegué a África, a Dahomey y a Nigeria, conocí a gente que practicaba el culto a Shangó. Les mostré mi collar-pasaporte y declaré que yo era devoto de Shangó, me postré delante del altar del dios del Trueno de los Yoruba, y pronuncié los saludos pertinentes.

Mis nuevos amigos declararon: “Muy bien, escucha, dentro de tres semanas vamos a hacerle a Shangó una ofrenda de ñames nuevos, tienes que venir”. Fuí con intención de hacer fotos. Pero al llegar, me colocaron un enorme ñame en la cabeza, así no podía hacer fotos… Me fuí al mercado con ellos donde había una multitud, hice lo mismo que ellos, posé mi frente en el suelo del altar y ofrecí el ñame en cuestión. Estaban muy contentos. Volvimos al templo y  luego bailamos tres veces alrededor del mercado. Me pusieron un nuevo collar para demostrar que era “uno de ellos”.

Estas religiones tradicionales, como puede imaginar, estuvieron muy perseguidas por los misioneros, tanto católicos como protestantes, así como por los islámicos. Mis compañeros estaban contentos por mostrar que, entre ellos, había un” blanco”; era una manera de decir: “Mirad bien, nuestra religión no es tan despreciable…”.

Lo que había entre nosotros era una amistad, cosa que no suele suceder con los antropólogos europeos, ya que vienen generalmente a hacer preguntas y a tomar notas.  Lo que me interesaba era la convivencia con las personas en África, para así podérselo contar a mis amigos en Brasil. Obtuve dos  becas  de estudios consecutivas. Théodore Monod me pidió que escribiera sobre lo que había observado. Le contesté que era difícil, yo no escribía, era esencialmente un fotógrafo. (Ya había entregado más de 2.000 clichés; entregaba 1.000 al año). Monod insistía, decía que no era una excusa. Tenía que escribir si no, sería dificil renovar las becas de estudios.

Redacté por tanto dos memorias para el IFAN (Instituto Francés del África Negra) sobre el culto de los Orishas y Vudú en Bahía y en Benin y sobre sus reciprocas influencias.  Desde ese momento, mi fotografía ya no tenía sentido. Estaba obligado a escribir, estaba obligado a intentar comprender las cosas. Mi vida, hasta ese momento era distendida, yo no buscaba ni analizar ni comprender lo que veía. Me dejaba llevar por mis emociones, de vez en cuando apretaba el disparador de mi Rolleiflex…

Emmanuel Garrigues- Pero ¿podía vivir de la fotografía? ¿Le daba para vivir? ¿Cuando no era más que un fotógrafo, podía vender sus fotos?

Pierre Verger- En todo caso, estaba obligado a intentar comprender; que era lo contrario de lo que yo deseaba.

Emmanuel Garrigues- Quizás, pero ahora, cuando se habla de  Candomblé o de Vudú, se piensa en varios especialistas: Alfred Métraux, Roger Bastide… y, a partir de ahora también Pierre Verger. ¿No cree usted que existe tanto conocimiento en sus fotos de Candomblé y Vudú como en los escritos de Métraux o de Bastide, por ejemplo?

Pierre Verger- No sabría que decirle, ya que yo también me he expresado por escrito.

Emmanuel Garrigues- Es cierto, ha hecho ambas cosas.

Pierre Verger- Hice fotos de Candomblé sobre todo antes de mi iniciación. En África tambien las hice. Pero en Brasil, apenas hice fotos una vez iniciado. Hice algunas por encargo.

Emmanuel Garrigues-  ¿Ha abandonado la fotografía?

Pierre Verger- Sí, desde hace 5 o 6 años

Emmanuel Garrigues- Cuando venía a París, ¿hacía usted fotos de París?

Pierre Verger- Apenas tengo fotos de París. He hecho muy pocas.

Emmanuel Garrigues- ¿Llegó a hacer usted ese tipo de fotos?

Pierre Verger-  Muy pocas. Algunas desde esta ventana, como recuerdo de este hotel.

Emmanuel Garrigues- Todas las fotos suyas que conozco son de carácter etnografico. Pero también ha hecho reportajes.

Pierre Verger- Empece a hacer reportajes muy tarde. Empecé en 1946. Antes había hecho fotos documentales de los indios para el Museo de Lima; fotos de su vida cotidiana.

Emmanuel Garrigues- ¿Tuvo relacion con el surrealismo?

Pierre Verger- Para serle sincero,  en aquella epoca apenas me interesaba el surrealismo a pesar de que ya conocía a Michel Leiris y a otros autores implicados en ese movimiento. Sus preocupaciones intelectuales no me interesaban.

Emmanuel Garrigues- El primer recuerdo que tengo de sus fotos, se remontan a mi adolescencia, antes del Surrealismo; al principio de mi adolescencia, en ciertos libros de Georges Bataille. Creo que en una revista que él dirigía que se llamada Neuf. Había un artículo sobre sacificios aztecas y la foto de un iniciado con una cabeza de carnero. Mas tarde ví sus fotos en El Erotismo de Bataille.

Pierre Verger- Las fotos de Bataille se publicaron porque Métraux, un poco en contra de mi voluntad, se las había entregado a Bataille, al que solo conocía de vista.

Emmanuel Garrigues- Sin embargo hay fotos suyas en al menos dos o tres de sus libros…

Pierre Verger- Lo sé, habla de ellas con cierta benevolencia en el prólogo de su libro El Erotismo. Tuve ocasion de ver años más tarde las fotos que se utilizaron… Hay una persona bebiendo sangre de la cabeza de un carnero… pero tardé mucho en descubrir cual era la foto que había emocionado a Georges Bataille.

Emmanuel Garrigues- Sabe, esa foto en mi opinion, tiene una fuerza… La ví hace una treintena de años y no la he olvidado jamás…

Pierre Verger- Pertenece a la misma serie que la del hombre que baila con la cabeza de carnero en Orisha.

Emmanuel Garrigues- Es la misma que aparece en Las Lágrimas de Eros de Bataille… No sé si conocía esta serie de fotos (fotos suyas) en esta recopilación.  ¿Sigue siendo la misma persona?

Pierre Verger- Le recomiendo que mire la foto de la cabeza de carnero al revés. Porque en ella el carnero parece más vivo que la mujer en la ceremonia de iniciación.

Emmanuel Garrigues-  Es verdad, ese ojo…

Pierre Verger-  Debería haber publicado esa foto al revés y unicamente el detalle. El ojo…

Emmanuel Garrigues- Debería haberlo hecho…

Pierre Verger-  No lo hice por escrúpulos porque en principio es el tipo de fotos que habría escandalizado a mis amigos. De hecho se trata de cosas…

Emmanuel Garrigues- ¿Secretas? Son efectivamente fotos tomadas de una ceremonia de iniciación al culto vudú.

Pierre Verger- Secreto… yo no diría tanto, más bien de carácter privado.

Emmanuel Garrigues- Ví la foto, tendría 13 o 14 años; me impresionó muchísimo… Bataille me daba miedo… y, por supuesto, me atraía.

Pierre Verger- Esperé mucho antes de publicarla. Por eso en aquella epoca estaba molesto con Métraux por habérselo dicho a Bataille y que la hubieran publicado. Poco antes, cierto cineasta, [Cluzot], había estado en Brasil intentando hacer una película sobre ese tema, pero  allí encontró una feroz oposición. Yo mismo me había negado a publicar esa serie de fotos en el periódico para el cual yo trabajaba, porque sabía que disgustaría a mis amigos. Las había hecho mucho antes, pero no las publiqué. Pero como otros fotografos habían publicado fotos sobre ese mismo tema, decidí yo tambien publicar lo que ya se había visto.

Emmanuel Garrigues- De hecho, Bataille publicó en 1957, 3 de sus fotos entre las que se encontraba la de la cabeza de carnero. Le parecían admirables… ¿no se dieron cuenta de que les estaba fotografiando?

Pierre Verger- No, porque en ese momento están en trance, en un estado secundario; están completamente ausentes y luego no tienen ningun recuerdo de lo ocurrido.

Emmanuel Garrigues- ¿El hecho de hacer fotos no molestaba a los que tenía a su alrededor ?

Pierre Verger- En absoluto, me llevaba muy bien con Pae Cosme, el pae de santo. Fué el quien me las encargó. El pae de santo es la persona que dirige la ceremonia de iniciación.

Emmanuel Garrigues- ¿Porqué quería que hiciera la fotos?

Pierre Verger- Creo que tenía la necesidad de mostrarme lo que sabía. Aunque  nacido e iniciado en Recife (Pernambuco), quería demostrar que podía dirigir las ceremonias de Candomblé tan bien como los oriundos de Bahía.

Pae Cosme fué uno de mis principales colaboradores cuando llegué a Bahía y me dio acceso a notas y documentos redactados por el. Alfred Métraux afirma en Itinéraires que tuve mucha suerte al poder contar con un colaborador tan valioso.

Emmanuel Garrigues- Opino que esos documentos y sus fotografías de ceremonias vudú constituyen en sí un valioso testimonio para el conocimiento del hombre.

Pierre Verger- Mis fotografías de Candomblé no fueron hechas con afán sensacionalista como las del libro y los reportajes de Clouzot.

Lo que me parece importante de estos cultos africanos es su carácter de reafirmación y exaltación de la personalidad individual a diferencia de las llamadas religiones llamadas “reveladas”, ensombrecidas  por la idea de que solo la redención nos salva del pecado original.  Este miedo a la muerte está ausente de los cultos africanos de Brasil.

Emmanuel Garrigues- Su trayectoria, finalmente, está más cerca del amor que de la ciencia…

Pierre Verger- Es cierto, que en lo que a mi concierne no existe la religiosidad, ya que yo no soy una persona religiosa. Siento mucha simpatía por lo negro. Bahía es el unico lugar del mundo donde me he sentido en plena igualdad con ellos. En esta ciudad existe ademas un mestizaje tan progresivo que muchas veces uno no es capaz de distinguir quién es mulato, blanco o negro. Pero desde hace poco, debido ahora a la influencia de los negros norteamericanos, se puede apreciar una tendencia al racismo por parte de los negros, degradándose así un ambiente que antaño era relajado. Con motivo de la celebración del centenario del final de la esclavitud, ciertos grupos manifestaron que, a pesar de la abolicion, existía una sobre explotación del negro. Esto es cierto, si, por ejemplo, comparamos  la situación de Brasil y otros lugares con la de los negros en los Estados Unidos. En Bahía, esta relacion era especilamente distendida debido a una razón muy simple: la vida de los negros en Brasil era mucho menos cruel que en otras partes. En Brasil los esclavos  negros tenían la posibilidad de comprar su libertad, lo que no era posible en Estados Unidos. Un fotografo negro, Chester Higgins del New York Times, que vino a realizar un reportaje, me lo confirmó recientemente. Existían en Brasil sociedades creadas por negros en la epoca de la esclavitud para poder liberarse. Dichas sociedades eran comparables a bancos, algunas existen aún, convertidas ahora en sociedades de ayuda mutua. Trabajando y ahorrando, los esclavos podían comprar su libertad pagando la mitad de su precio ya que el banco negro les adelantaba la mitad restante. Un gran número de negros, antiguos esclavos ahora libres, vivían al estilo brasileño, sobre todo en Bahía. Hacia 1853 estallaron varias revueltas de negros, pero eran alzamientos de negros en contra de los blancos. Se trataba de la yihad, la guerra santa entre negros iniciada en Africa en 1804 y transportada a Brasil, donde  prisioneros de ambos bandos eran enviados y vendidos como esclavos.

Estos conflictos entre musulmanes y no musulmanes, ya fueran negros, blancos o mulatos escapaba al control de la policia que temía revueltas negras similares a las que habían ocurrido recientemente en Haití.

Esta policia se había vuelto tan desconfiada y había generado tanto recelo entre muchos negros en Brasil, hasta el punto de provocar un regreso masivo de esclavos liberados hacia la costa de Africa, hacia Ouidah, hacia Lagos, hacia toda la región del Golfo de Benín. Llegaron con su estilo de vida brasileño, porque su estancia allí les había “brasileañizados”. Construyeron sus casas en África, basandose en las de sus antiguos amos. Toda una civilizacion brasileña se implantó así en las costas africanas. Es esta doble influencia de Africa en Brasil y luego de Brasil en África lo que me ha fascinado, y por la cual he residido a un lado y a otro del Atlántico durante 40 años.

Emmanuel Garrigues- Si su modestia le impide decir, o reconocer, que existe mucha ciencia y mucho conocimiento en su fotografía ¿Aceptaría usted que se dijera que hay mucho arte en ella y que usted es un artista?

Pierre Verger- No, para mi el Arte no existe. Comparto la opinión del personaje de una novela de Lawrence Durrell, que declaraba que era un invento de los críticos de arte “… para justificar su sustento”.

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