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Pierre Verger un hombre libre en su recorrido por España

Buenas tardes señoras y señores, muchas gracias por su asistencia y muchas gracias a la dirección del Centro Cultural de España en Brasil, al Instituto Cervantes de Brasilia…..por su invitación y ayudas.

Pertenezco a una Fundación de Cultura Afrohispanoamericana que tiene su sede en Sevilla, es de carácter privado, muy modesta y está formada por un grupo de amigos que pertenecen al mundo de la investigación, la universidad y las artes. Nos dedicamos a investigar y divulgar lo que allí llamamos “la historia silenciada”, la historia de los pueblos africanos en su continente de origen y en la diáspora posterior al tráfico de esclavos.

En ese proceso de investigación andábamos detrás de poder algún día acceder a los fondos del que fue uno de los grandes estudiosos de la cultura afrobrasileña, Pierre Verger. Por fin hace dos años conseguimos financiación para investigar y fue allí, en Salvador de Bahía, en donde entre la ingente cantidad de documentación que atesora la Fundación Pierre Verger, descubrimos este tesoro del patrimonio cultural de España, parte del cual hoy se muestra aquí.

Esto es brevemente lo que Verger recorrió en su larga vida.

Pierre Verger nació en París en 1902, tras la muerte de su madre, inicia un peregrinar por el mundo. Tenía 32 años cuando realiza sus primeras fotos. El lo decía así “Ese año hice un cambio con un comerciante de máquinas fotográficas de segunda mano, el viejo veroscopio Richard de la familia por una Rolleiflex…”. Partió a Tahití y viajó por las isla de los mares del Sur y en Morea hizo una de sus más bellas imágenes. En el 1934 viaja a Nueva York, cruza el país hasta San Francisco y se embarca a Japón. Desde la ciudad de Kobe, parte a China.

En el 1935 visita a España, visita en la que más adelante nos detendremos. Inmediatamente después viaja a Italia y a finales de ese año realiza su primera visita a África. Argel, Gao, Mali…

A finales de 1936 después de haber cruzado la isla de Cuba, de viajar por Martinica, Guadalupe y Santo Domingo, Verger llega a la ciudad mexicana de Verecruz. Será su primera estancia en México, país al que regresará en 1939 y 1957.

A su regreso de México Verger permanece una temporada en París cumpliendo el encargo de fotografiar la Exposición Universal de 1937. En sus fondos descubrimos una foto del Pabellón Español (que representaba al legítimo gobierno republicano), con la escultura de Alberto El pueblo español tiene un camino que conduce a una estrella.

Tras viajar en 1937 para cubrir el conflicto chino-japonés, Verger llega a Filipinas. Visita Manila, Baguio, Vigan, Mindanao, el archipiélago de la Sulu.., de allí sale hacia Vietnam a principios de 1938.

En 1939 regresa a México donde permanece cuatro meses. Allí se relaciona con personajes como Diego Rivera y Trosky, a los que fotografía. Parte a Guatemala, Panamá y Ecuadar donde le sorprende el anuncio de la segunda guerra mundial. Como reservista del Ejército francés se incorpora a su destino, Dakar en Senegal.

Coincidiendo con el carnaval de 1941, llega a Rio de Janeiro y de allí marcha a la Argentina donde permanece algo más de un año. De aquel país parte a Perú, Bolivia…, para en 1946 volver a Brasil. Allí es donde fascinado por la lectura del libro de Jorge Amado Jubiabá, Bahía de todos los Santos, Verger desembarca el 5 de agosto en Salvador de Bahía. Encuentra sólidas y duraderas amistades, Jorge Amado, el pintor Caribé, Mario Cravo, Dorival Caymmi,  y fascinado por la presencia  africana y sus tradiciones. Verger decia “Quedé muy impresionado por la belleza de las ceremonias de las casas de culto africano y por la extraordinaria riqueza de las tradiciones orales y de los mitos que sirven de soporte a estas tradiciones…Me gustaba vivir en este mundo además de la simpatía que sentía por los descendientes de africanos, percibía el papel que habían representado estas religiones para mantener su identidad y su dinamismo a pesar de las tristes condiciones en las que habían vivido sus antepasados”….

A fines de 1947 recibirá del Director del Instituto Francés del África Negra, la oferta de una beca de estudios para investigar en Dakar el origen de los cultos africanos que se implantaron en Brasil. Antes de este viaje con su amigo el antropólogo frances Alfred Metreaux, viajan por Surinam y Haití. De regreso a Brasil Verger acepta la beca de estudios para ir a África. Y dice “Fui a África después de haber sido iniciado. Iniciado no quiere decir ser alguien a quién un secreto es trasmitido. Iniciado significa saber comportarse como conviene y respetar cierto número de reglas admitidas en una determinada sociedad”. Después de viajar al antiguo Dahomey y Nigeria, vuelve a Bahía. Dos años después viaja a el Congo, Ruanda y Burundi. Posteriormente permanece durante año y medio en Goré, Senegal. En estos años viaja repetidamente entre Salvador de Bahía y África, Nigeria y Benin. En 1957 viaja de nuevo a Cuba para encontrarse con su amiga Lidia Cabrera, amiga también que fue de Federico García Lorca y una de las estudiosas más importantes de las culturas afrocubanas.

A partir de 1960 sin dejar del todo la fotografía, la investigación sobre la presencia africana en Brasil se convierte en su principal ocupación.

Al final de su vida Verger dejó publicados más de treinta libros, unos archivos fotográficos con más de 70.000 negativos, infinidad de artículos y además de sus fondos bibliográficos, una riquísima correspondencia con los personajes que conoció a lo largo de su vida.

PIERRE VERGER, UN HOMBRE LIBRE EN SU RECORRIDO POR ESPAÑA

Pierre Verger llega a la fotografía en 1932, en un momento crucial de su existencia. Tiene treinta años y está cansado de la sociedad parisina; su madre, último vínculo familiar, acaba de morir. Decide dar un giro a su vida y dedicarse a la fotografía. Entre 1932 y 1935 recorre un largo periplo que le llevará por, Tahití (donde pasa todo el año 1933), Nueva York, Los Ángeles, China, Japón, Filipinas… Y España.

Con su Rolleiflex 120 y montado en bicicleta, Pierre Verger llega a España en marzo de 1935 para recorrer más de 3.500 kilómetros: “entré por Port Bou, atravesé Cataluña, con una breve parada en Barcelona para ver las extraordinarias realizaciones arquitectónicas de Gaudí y continué pedaleando a lo largo de la costa del Mediterráneo, pasando por Valencia, Alicante, Elche, donde me parecía estar en un oasis de los desiertos de África”.

Pero “fue en Andalucía donde permanecí más tiempo. Granada, la Alhambra, los jardines del Generalife y los barrios gitanos del Albaicín; Córdoba y su catedral violentamente insertada en el medio de la antigua Mezquita, las corridas de toros; la Semana Santa en Sevilla donde pude ver el fervor casi bárbaro que causaban el paso, por las calles estrechas del centro de la ciudad, de la Virgen de la Macarena o del Jesús del Gran Poder. Todavía era la España de antes de la Guerra Civil, que ya estaba muy próxima, y que iba a estallar algunos meses más tarde”.

Pierre Verger llega a España cuando está concluyendo el segundo bienio republicano, el llamado bienio negro caracterizado por el retroceso social y las dificultades de los grupos políticos de centro-derecha, vencedores en las elecciones de 1933, para formar un Gobierno estable.

La policía de aquel momento mantuvo una permanente vigilancia y represión de todas las actividades consideradas como sospechosas de subversión política. Así, Pierre Verger fue arrestado en Sevilla bajo la acusación de ser un espía alemán. Así lo cuenta Verger:

“El régimen de Gil Robles, que ocupaba el poder en España, estaba en estado de alerta y lleno de desconfianza, lo que me valió la siguiente desventura. Fui interrogado en el momento en que tiraba una fotografía de un lugar pintoresco del barrio de Triana, sin darme cuenta que en un pedazo de muro tenía una inscripción que decía, Abajo el fascismo y Libertad para Tahelman, (era el secretario general del Partido Comunista Alemán, detenido en esas fechas y asesinado por los nazis. España se llenó de pintadas pidiendo su libertad),  junto al dibujo de un hombre con el puño levantado. Un policía me preguntó: “¿Usted es alemán?”. Le respondí que no, algo que no pareció convencerle. “¡Enséñeme sus papeles!” me ordenó. Le enseñe mi pasaporte. “¿Cómo?”, gritó irritado, “¡Es alemán y tiene valor para viajar con documentos franceses! ¡Sígame, subversivo!”, y me condujo al puesto policial. No me ayudaba nada que mi pasaporte hubiera sido emitido en Hong Kong, para sustituir al que me habían robado en Cantón un año antes. Ninguna de mis explicaciones consiguió convencer al comisario de policía sobre mi verdadera nacionalidad. Insistía en que mi aspecto era el de un alemán y que estaba vestido como un alemán. Y la verdad es que viajando en bicicleta usaba un pantalón corto, algo que no era muy común en aquella época. Después fui encarcelado en compañía de unos treinta ciudadanos andaluces que habían sido detenidos practicando “el tres en uno” y otros juegos de azar prohibidos por la ley. Cuando les liberaron, le pedí a uno que avisase al Cónsul de Francia; éste vino al puesto de policía y tuvo la bondad de certificar que mi aspecto era muy francés.

Después, fui puesto en libertad. Esta aventura tuvo consecuencias muy gratas, pues aquellos con los que había compartido prisión durante dos días ejercían actividades que les hacía estar mucho tiempo en las calles de Sevilla, bien porque eran limpiabotas, bien porque tenían que vigilar las actividades galantes y remuneradas de sus amigas de corazón, bien por que seguían practicando los juegos de azar. Me encontraba cierto número de ellos cada día. Nos sentíamos ligados por el mismo cautiverio y estábamos eufóricos por ser libres de nuevo. Esto nos llevaba a celebrar nuestros encuentros brindando con un excelente vino local llamado manzanilla. Se trataba de verdaderos caballeros, nos ofrecíamos mutuamente rondas de bebidas y como me encontraba diariamente con unos veinte de mis antiguos compañeros el resultado fue que faltó poco para volver al puesto policial por hacer barullo una noche en avanzado estado de embriaguez”.

Este contratiempo, como se desprende del relato de Verger, lo aprovechó para involucrarse en el ritmo de Sevilla, mezclándose con más confianza en el mundo popular que él buscaba. Como le dirá a Emmanuel Garrigues, “es necesario que el fotógrafo sea espectador antes de hacer su trabajo, el buen fotógrafo no es más que un voyeur sublimado que debe vivir con las gentes antes de fotografiarlas, que se acostumbren a su presencia, mirando sin querer penetrar en la razón de las cosas”.

Después de su estancia en Sevilla, recuerda Verger que continuó su camino “en dirección a Málaga, donde un exceso de vino  y unas sardinas asadas me llevaron más hacia la siesta que a continuar pedaleando por las carreteras llenas de sol que iban a Jerez de la Frontera”.

Desde allí, Verger regresa a París. Años más tarde, en la presentación del catálogo Le Messager, Photographies 1932-1962, que reúne una antología de sus fotografías, Pierre Verger escribe que las doscientas imágenes que contiene han sido tiradas en una centésima de segundo, por lo que dicho catálogo representa apenas dos segundos de su existencia, dos segundos que, al ponerse en papel pasan “de lo efímero a lo permanente”. La fotografía es, para Verger, el testimonio de un hecho fijado en un instante, “que puede sentirse por otros de forma espontánea, revelando una sensibilidad común que es difícilmente expresable”.

Pierre Verger, es un fotógrafo interesado en el ser humano, interesado en presentar su riqueza, sin tratar a las gentes que fotografía “como si fueran coleópteros o plantas exóticas”. No roba una foto, ni la hace prisionera de una idea preconcebida. Verger sí confía en la fotografía y con ella construye diálogos en una “dimensión subjetiva e imaginaria”. Diálogos que construye en uno de sus primeros trabajos de investigación, Dieux d’Afrique, donde las imágenes, tomadas en la brasileña Bahía y en la africana Costa de los Esclavos, se apoyan en breves textos para construir su discurso. Verger fotografía con todo el cuerpo; desde el punto de vista fotográfico, nos dice, “soy incapaz de hacer una composición, incapaz de exigir: mire aquí”.

La mirada de Verger, siempre amable, recorre apasionadamente Andalucía y, muy especialmente, una ciudad, Sevilla, que en sus posteriores investigaciones encontrará como centro del tráfico negrero a las Américas. Estas imágenes son un testimonio fundamental para conocer el vivir cotidiano de aquellos días; de la vida social y política que vivió acontecimientos como la presencia del Presidente del Gobierno Lerroux en la Feria de Sevilla los días 26 y 27 de abril de 1935 o el recibimiento cariñosísimo al Betis Balompié que ese año, tras una actuación lucidísima por los estadios de España, ganaba el Campeonato Nacional de Liga; hasta la preocupación por la sequía y la plaga de langosta que asolaba la región y el paso por Andalucía de la Vuelta Ciclista a España, que este año de 1935, celebra la primera edición que fue ganada por el belga Alfonso Deloor.

El modo que tiene Verger de concebir la fotografía está presente en las imágenes de Andalucía que hace en la primavera de 1935 y que se pueden ver en esta exposición.

Muchas gracias,

Jesús Cañete Ochoa
Jesús Cosano Prieto

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