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Historias de la Semilla del Manglar

Raúl Rodríguez – Músico y Antropólogo Cultural

La semilla del Mangle funciona como una idea, siempre chiquitita pero poderosa, que puede flotar durante meses hasta detenerse en marismas poco profundas. Ahí lanza pequeños impulsos a la tierra que terminan generando una raíz que se multiplica, hasta que se pone en pie un primer árbol que va atrayendo algas, barro y sedimentos que con el tiempo forman una pequeña isla. Ese primer árbol vuelve a hundir sus ramas en la tierra y genera nueva raíz y nuevo árbol, de manera que no existe el Mangle solitario, sino el Manglar. Son biotopos, hábitats creativos, bosques húmedos llenos de vida donde todo puede nacer.

La Cultura como “Razón compartida” también se comporta con esa lógica de “Rizoma”: ideas que lanzan líneas de fuerza formando una retícula en constante transformación, una red de significados que está siendo continuamente construida entre todos. Los músicos sabemos que ésto es así, por el compás, que es una bestia colectiva.

El nacimiento de los Encuentros de Son cubano y Flamenco y de La Ceiba fue una fiesta necesaria. Todo lo que creció a su sombra fue a la vez fruto, semilla y motivo de árbol nuevo. Fue una fogata en el centro de un baile que había estado dormido y había que poner de nuevo en candela. Siempre necesitamos que estas cosas sucedan y es una gran alegría saber que puede recuperarse ese hilo, de nuevo, precisamente ahora.

La llegada de esas palabras aladas que nos contaban esas verdades tapadas de la cultura negra andaluza y el re-encuentro con esos sones afrohispanocubanos, la explosión de esos saberes y esos sabores, fueron una alegría tremenda para nosotros, los jóvenes de los años 90 sevillanos, buscadores de los secretos de nuestros duendes escondidos. Aquel ambiente que se generó fue un lugar de sabiduría que sucedía en todas partes; estaba aquí, a nuestro lado, pero sus ramas alcanzaban a sabios y curiosos de todo el mundo, extendiendo a la vez su inquietud al pasado y al futuro, comportándose como un organismo múltiple alimentado de las ganas de saber más y mejor sobre qué fue lo que realmente sucedió en nuestras culturas, cómo se construyó esa creación colectiva tan mestiza y no tan pura que es nuestra razón compartida, cómo fue que se diluyó ese rastro de la sangre negra que late en nuestro compás y cómo podríamos reconstruirnos, a partir de ese conocimiento, en otra realidad que contemplara la posibilidad de un mundo diferente. Y, lo mejor de todo, cómo hacer para recuperar el tiempo y el ritmo perdido, para volver a encontrar ese mecanismo que enciende el goce para la cabeza y la carne: explicando aquellas verdades que estaban calladas bajo nuestros pies y poniendo en práctica lo que podíamos haber bailado si las cosas se hubieran contado de otra forma y los contactos no se hubieran roto de aquella manera. El pulso común que había entre nuestras culturas volvió a renacer a base de re-crear, re-conocer, re-enraizar… como con un único deseo, de volver a sembrar, de comportarse como un Rizoma o como un Manglar, con esa fertilidad.

Aquella esperanza que se encendió en nuestros corazones multiplicó su radio de acción y aún sigue alumbrando nuevas ideas. Había muchas cosas importantes de las que nadie hablaba nunca, muchas intuiciones que necesitaban documentos para ser discursos fuertes, muchas contradicciones que revelar. Y era el momento justo para que, al calor del amor por el saber, se creara un árbol nuevo, sagrado, festero y colectivo, de todos, para que entre los que conocen y los que quieren conocer, nos contáramos qué fue lo que pasó. Y empezáramos a explicarnos a nosotros mismos algo que siempre necesitaremos saber: ¿qué es lo que va a pasar?

Gracias a la labor de Jesús Cosano, Santiago Auserón, Bladimir Zamora, Danilo Orozco, Faustino Núñez y tantos sabios amigos, conocí el Tres cubano de las manos de Faustino Oramas “El Guayabero” en Lebrija en el 94. Mi mama Martirio cantó con Compay poco después y de la Habana me trajo un Tres que hizo conmigo el viaje monte adentro al Toque flamenco de Morón y al compás de los Negros de Ronda. La primera gira con Son de la Frontera fue con los repentistas de Alexis Díaz Pimienta, en los últimos Encuentros de 2003, poniendo en pie un palo mestizo nuevo, el “Punto Flamenco”. Un género que desarrollaré en un próximo trabajo con el Tres Flamenco, un nuevo instrumento mestizo ya nacido en Triana, hijo de una transculturación feliz, surgida indirectamente gracias a todo ese impulso eléctromagnético que generó aquella idea y aquel ambiente que dio nacimiento entonces a las primeras Palabras de La Ceiba.

Mi propuesta es que tomemos conciencia de nuestra condición de ecosistema cultural y nos relacionemos como en un Manglar intercultural. Tendremos que plantar batalla a un futuro muy tirano con ideas que sean semillas de libertad, sueños que nos proyecten hacia otra vida posible. Estamos en un momento en que necesitamos poder compartir los conocimientos sin miedo, volver al ágora, empezar a alzar la voz y a prestar oído a nuestros compañeros.

Aquella idea peregrina de que había una semilla negra en nuestro son acabó siendo una primera luz. Hoy sólo seremos mejores si tenemos una nueva plaza común donde sentarnos al sol y compartir lo que sabemos y ayudarnos, así, entre todos, a seguir aprendiendo.

Feliz Renacimiento, Palabras de la Ceiba.

Salud y Son.

Raúl Rodríguez
Músico y Antropólogo Cultural.

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